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Le dije adios a las citas amorosas- Joshua Harris

Como conseguir citas 169514

Regresar a la portada Un café en El Capriccio Soy un hombre de impulsos, seguramente por eso soy escritor. Nunca pienso las cosas. Siempre hago ——o escribo—— lo que me venga en gana. Lo mejor, ahora, era callar. Pasé un poco de saliva, respiré hondo y solté lo que me salió del forro: ——Si me sigues pensando, estoy aquí. Justamente por mis constantes desapariciones es que había estallado esa olla a presión apremiante en que se había convertido nuestra relación. Las piernas me pesaban, o era acaso el peso de la vergüenza que descendía por mis muslos y se iba sedimentando en la planta de mis pies. Volví a coger el teléfono. Ahora lo hice con una cuota de seguridad que no había asomado en mucho tiempo.

Pues no ser imbéciles. Viene del latín baculus que significa «bastón»: el imbécil es el que necesita bastón para caminar. Hay imbéciles de varios modelos, a elegir: a El que cree que no quiere nada, el que dice que todo le da gemelo, el que vive en un eterno bostezo o en siesta permanente, ya tenga los ojos abiertos y no ronque. Todos estos tipos de estulticia necesitan bastón, es decir, necesitan apoyarse en cosas de fuera, ajenas, que no tienen nada que ver con la libertad y la reflexión propias. Y al revés: los hay que son linces para los negocios y unos perfectos cretinos para cuestiones de ética, para evitar la imbecilidad en cualquier campo es preciso prestar atención, como ya hemos dicho en el capítulo anterior, y esforzarse todo lo posible por aprender. En estos requisitos coinciden la física o la arqueología la ética. Lo contrario de anatomía moralmente imbécil es tener conciencia. Empero la conciencia no es algo que le toque a uno en una tómbola ni que nos caiga del cielo.

Las 75 mejores frases del Marqués de Sade Este integrante miembro de la nobleza francesa dio al mundo relatos que pasarían a la historia. A parte de ser un hombre bastante activo en el tema de la experimentación sexual, el Marqués de Sade también se consideraba a sí mismo como ateo, una idea que comenzó a cobrar una gran relevancia en la sociedad francesa de la edad. El sexo debe ser un compensación perfecto de dolor y placer. Sin esa simetría, el sexo se convierte en una rutina en lugar de una indulgencia.

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